domingo, noviembre 11, 2007,6:44 p.m.
Dry Your Eyes

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Cuando comencé en este lapso de casi 15 días de simplemente no escribir nada, y de meterme en una terapia que hasta ahora ha sido la más drástica que he vivido, me la pasé con cosas pesimistas que fueron a lo bipolar, para hecharme algunas cuentas de lo que me estaba convirtiendo a cada instante. En mis momentos de ironía logré escribir esto que rescaté del olvido, y que simplemente quiero poner a modo de querer sufragar tanto tiempo sin escribir nada. Fué algo que escribí en un tiempo récord y que sin ver ,si había o no, cosas que no fueran, simplemente dejé al olvido, y con bien impetu, obedecí a lo que mis dedos decían, torpes, lentos, y con espacios de medio segundo que se calmaban con tristesas y con canciones de Susan Tedeschi, y solo con el frio, con el pan de muerto, y con las cosas que te hacen cambiar. Así estaba en la tormenta, y no sé si pueda decirles, como se siente estár dentro de ella.

El aire tan frio de otoño en su osadía por conquistar nuestro respeto, pasa de día y noche como un fiel compañero que solo mira nuestros fracasos en tiempo pasado, y que está como el único sueño logrado en nuestras noches frías y tan solas, acompañadas con los cobertores, y con los hermanos que s eponen tus camisas, encimados todos, en un cuarto de 4 metros cuadrados que es el único refugio que tienes después de andar.

Éste ha sido un otoño sumamente frio y solo, tan solo y freak para abundar que lo único que podemos no hacer, es caminar con los pies derechos y justos. Mi vida, mis hasta ahora pequeños o grandes logros, se han topado con un mounstro que no me aquejaba desde que tenía doce años. La invetiable presencia de ese momento en donde uno se siente que se muere por dentro. Tantos han sido mis intentos, mis trabajos diarios, de vela, y de dia, en donde me cuestiono el por qué de mi vida, el por qué de la vida de los demás, el por qué venimos a cumplir ese ciclo en donde tenemos que aprender a formular con los números elevados al cuadrado, con vertientes, y con derivadas en quinta potencia, para al final obtener un titulo que te haga tener trabajo, mismo que te coma el coco y te envejezca con el mismo aire de la ciudad que a nadie cae bien. Mi vida en este momento se parece a la de elpersonaje principal de “El Gusto de Los Otros”, un hombre de cuarenta y tantos, que solo tiene a un guardaespaldas que lo proteja, miles de dinero (que ese no es mi caso), para poder regalar, pues su voluntad propia no le admite dar a más... allí con ese plan de ser utilizado como una marioneta que se deja manipular, y que por su desgastada pila elaborada en Taiwán, ha sido utilizada por quién tenga un poco de suerte con marionetas adolescenes de 16, es moldeable a cuanto uno se le pegue la gana.

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El Gusto de los Otros - Agnès Aoui


Tan utilizado, y tan triste me he posado, que el vivo recuerdo de ese señor se quiere establecer para rato en mi vida. Me he tratado de contener las lágrimas que se acocurran en mis ojos, de mirar a la persona que quiero, con una nostalgia en la cara de solamente recibir un abrazo, me he tirado al suelo para simplemente mirar el cielo gris, que solo me hace pensar, que esta y cualquier otra ciudad, siempre está tan triste como uno. Entre compañeros nos asesinamos a día, lo que tal vez no llegue a soportar, es que me envuelvo con un montón de chavales demi edad, que tienen personalidades que me lastiman, estupidas, huecas e interesadas, que asesinan, y es triste eso, como ver que día a día nos asesinamos entre nosotros, matamos para resurgir como una pocilga ponzoñosa, que ni si quiera tiene cerebrosidad, ni característica de triglicérido, andando hablando con apuntes de biología hasta la cabeza.

Mi tristeza ha llegado hasta los pies, hasta las rodillas y hasta los tendones tediosos que prevalecen en silencio, amomentos pienso en los hombres y mujeres con los que nunca me acosté, en los problemas de geometría analítica que pude y nunca resolví, en las canciones que descargué y nunca escuché, en las películas que renté y nunca ví, en mis sonrisas sinceras, en mis intentos por prevalecer en las matemáticas, por ser cordial con mi semejante, recibiendo una patada en el trasero a cambio, con tantos niñatos tontos, que solo me hacen ver como un viejo que sin crepúsculo, que solo juzga y come de su propia carne, y que para después de la media noche estará allí despierto, formulándose su propia teoria de la existencia que está viviendo, y de la que no quiere vivir. Caminando a fuera de la escuela, me encuentro con un sol de radiación, de esos que no te dejan respirar, y que te provocan un olor fuerte, caminando tan sólo, en el mundo como si fueras aquel rapero inglés que con su perro recorre cada esquina, y es difícil vivir así, en un mundo en donde nadie te acompaña con un abrazo y una sonrisa para después del almuerzo, es difícil vivir en un pueblo rodeado de infinidad de pocas posiblidades, de actividades que ya no te recaen en un gusto que te agrade, en un pueblo que acada momento te esté recordando que no habrá tranquilidad hasta no ver una entrega total al público que solo quiere digerirte para después vomitarte, en la espalda, en el craneo, en la cara. ¿Hasta donde podré llegar sólo con mi apartado y surreal mundo?, hasta donde podrá un ser humano sufrir de soledad, y de esa angustia de no recibir atención alguna?. Morirse en vida, y recobrar esa vieja paráfrasis que entre lineas el señor reygadas con Japón afronta sobre la tesis que entre la vida se formuliza, para llevar a cabo todo esto que no sabemos como se podría realizar, pero que él siempre denomina como “felicidad”, el largo camino de sufrimiento que lleva al despojo de el propio ser para entregarse alejado de la civilización, el cuerpo y el alma hacia algo que no tiene color, olor ni nombre.... y que es el amor, sin importar, que ese amor fugaz se encuentre en una anciana de 90 años que con su casa injustamente derribada, estará allí para después romperte el corazón sin intención alguna.

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Podría recurrir al suicidio, recurrir al alzamiento de mi cama para reposar todo el fin de semana, o quizá aún, a mi cegués en donde lo estático se convierta en fantasioso, en donde regrese a mis noches de blués con la grabadora de mi hermano, allí donde no muera, y si me congele la intención de no quererme comer el mundo a languetazos. Eso es lo que siempre quise.

Al final, lo único que me podría salvar de esta crisis será el amor, pero del bueno, aquél que uno tiene después de cada suspiro que dá cuando termina de ver un film que se ha comido todas tus lágrimas, y un pedazo de tu vida que congelará para el desayuno.

Suerte a todos, yo me ando llendo de aquí hasta que vuelva a nacer...

Cuídense, y recen por mí, que me hará mucha falta.

Adew!




Dry Your Eyes - The Streets


Que fuerte... y pensar que dentro de esto... nacería, ya ando bien, y prometo y os juro, que las cosas que suceden, te marcan como en las bodegas altas de ropa en temporada de descuentos, con etiqueta morada. Ya habrá en su momento la anécdota de como me fué después de la tormenta, que influyó, que música se escuchó y que fué lo que sirvió para después ser consumido y no vomitado por uno mismo. Sin duda, esto me sirve como palanca de arranque para hacer cosas que me hagan ser más fuerte y duradero, y pues... que mejor cosa que despedirme con un video que con refleja el pesimismo mismo que viví y que se ve reflejado en cada uno de los cuadros azules del fantástico Johan Renck, y de las vocalizaciones con acento británico de el inigualable The Streets.

en fin...

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posted by Arkturo
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